Ciertamente no existe algo que me fascine más que ese aroma a pasto mojado, pero si lo mezclas con un poco de sangre ya es algo atormentador y digno de aborrecer.
Es así como comenzó la maldita noche que ha arruinado mi vida por completo y que me mantiene en este estado escribiendo.
La noche del 14 de febrero de 2005, me disponía a entrar a mi casa como cualquier noche después del trabajo. Sentí ese olor a pasto que tanto me gusta y pensé para mí que Amador ya había regado. Cuando entro a mi casa me doy cuenta que Amador no se encontraba y habían unas manchas de sangre en la entrada. Me preocupé y me dio una angustia asquerosa y vino a mí un llanto que no pude contener; me dirigí a la habitación y no se encontraba allí, fui a la habitación de Amalia, quien se encontraba durmiendo. Recordé en aquel momento el día en que di a luz a mi pequeña, los médicos le dieron a elegir a Amador entre mi vida y la de la pequeña: Amador eligió la mía. Pero por esas vueltas de la vida, Amalia también sobrevivió y está hoy con nosotros...pero si es nosotros, ¿dónde está Amador?
Tengo miedo, se me viene a la mente lo peor y hasta lo más profano.
Decido acostarme y dormir, despierto a Amalia para llevarla a dormir conmigo. A las 4 de la mañana suena el timbre de casa y yo desperté sobresaltada. Era Amador venía cubierto en sangre y rebosando de felicidad, no sabía qué había sucedido, ni tampoco me atrevía a preguntar. Él me saluda y va directo donde Amalia y le dicen en voz baja que todo lo hace solo por ella...
Cuando entré a la habitación Amador se alejó de Amalia se acercó a mí y me dijo que si yo no me preocupo, él si lo hará.

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